Dormir, a parte de un placer, es una necesidad básica. Mientras descansamos, nuestro organismo sigue su propio proceso en el que se regulan hormonas y se regeneran tejidos y células. Diariamente nos sometemos a un desgaste físico y mental que solo se recupera durmiendo, siempre y cuando sea un buen descanso. Es por eso por lo que hemos realizado una lista de factores que influyen en la calidad del sueño.

Según datos del Primer Estudio sobre salud y descanso elaborado por la Fundación de Educación para la Salud del Hospital Clínica San Carlos (FUNDADEPS) y la Asociación Española de la Cama (ASOCAMA), el frío afecta en un 56,5% en la calidad del sueño, mientras que el calor lo hace en un 71,9%. Casi lo mismo que el estrés y las preocupaciones, que alcanzan un 76,5%. Algo menos influye el equipo de descanso, un 61,4%. Los cambios y rutinas se quedan en un 41,6%.

  • EDAD: pasamos de necesitar 18 horas de sueño al nacer, a requerir 6 – 7 en la tercera edad. Lo ideal sería dormir una media de 7 u 8 horas porque para un buen descanso se necesitan, al menos, 4 ciclos del sueño durante la noche. Estos ciclos se componen de 120 minutos cada uno y es en ellos donde se produce la actividad neuronal más intensa.
  • ESTRESORES PUNTUALES: el nacimiento de hijos, cambio de domicilio, aumento de responsabilidades, época de exámenes, etc. nos generan estrés, lo que dificulta el sueño. Lo mismo que ocurre de manera general con las condiciones laborales y económicas, pudiendo ser situaciones preocupantes para nosotros. Esto genera insomnio. Además, si tu jornada laboral es nocturna o rotativa, puede que sufras de somnolencia excesiva por el trastorno del sueño al que estás sometido, causando fatiga y apatía.
  • PROBLEMAS FÍSICOS: padecer enfermedades graves o crónicas pueden provocar un peor descanso. Un ejemplo muy común es el síndrome de la apnea obstructiva del sueño en el que los dolores de cabeza, la irritación de garganta y los fuertes ronquidos están presentes y obstruyen las vías respiratorias.
  • FACTORES AMBIENTALES: dentro de esta categoría existen tres aspectos que influyen en la calidad del sueño: la luz, el ruido y la temperatura. En el caso de la luz, cuando ésta es artificial, hace que el cerebro interprete que es de día y deje de segregar melatonina (hormona encargada de la regulación del sueño). Por eso se recomienda evitar la presencia de pantallas luminosas antes de acostarse, su espectro es similar a la de los rayos ultravioleta. En cuanto al ruido, ocurre lo mismo. Cuando éste supera los 30 decibelios, se activan nuestros sentidos, se reduce la emisión de melatonina y aumenta la del cortisol (hormona del estrés). En relación con la temperatura, es importante controlar la que hay en el ambiente porque la corporal disminuye. Si se tienen cambios bruscos de temperatura será más posible que se despierten en la noche.
  • RADIACIONES ELECTROMAGNÉTICAS: con los avances tecnológicos y el uso de los electrodomésticos se ha aumentado la exposición a energía electromagnética. Ya sea alta o baja, la potencia de estas ondas tiene efectos perjudiciales, como problemas en el descanso, en la memoria, concentración y reacción.
  • OTROS FACTORES: la cafeína, alcohol, alimentación, deportes, nicotina, condiciones de la habitación…

Un equipo de científicos europeos ha creado unos laboratorios del sueño dentro del marco del proyecto SLEEP RESTRICTION con el objetivo de estudiar la manera en que el estilo de vida contemporáneo afecta a nuestro sueño. El proyecto está dirigido por la Dra. Tarja Porkka Heiskanen de la Universidad de Helsinki y concluyó que la restricción del sueño produce alteraciones en el metabolismo energético, en el sistema inmunitario y en el nervioso autónomo, así como inflamación y estrés oxidativo que podría verse involucrado en enfermedades cardiovasculares.